Innovación en España: claves estructurales, desafíos y prioridades según el informe de Fedea
En un contexto global marcado por la aceleración tecnológica, la innovación empresarial se ha convertido en un factor crítico para la competitividad de las economías avanzadas. La innovación en España, sin embargo, sigue enfrentando importantes retos estructurales para activar todo su potencial. Así lo constata el informe publicado por Fedea en marzo de 2025, elaborado por el investigador Juan Mulet, que analiza en profundidad las características del sistema de innovación en nuestro país, sus limitaciones históricas y las políticas públicas necesarias para su impulso.
A través de una revisión rigurosa de los datos de Eurostat, la OCDE y el INE, el documento de Fedea disecciona la realidad de la I+D+i española y la compara con economías europeas de referencia como Alemania, Francia e Italia. El análisis no se detiene en los indicadores cuantitativos, sino que entra de lleno en cuestiones de gobernanza, cultura empresarial, sistemas regionales y marcos normativos. Un enfoque integral que invita a repensar las estrategias públicas y privadas de innovación en España.
El papel estratégico de la innovación en España en la competitividad empresarial
Según el informe, la innovación empresarial ya no puede entenderse como un proceso limitado a la generación de tecnología o el desarrollo de productos sofisticados. Hoy, innovar implica transformar procesos internos, modelos de negocio, canales de comercialización o experiencias de cliente, independientemente de su componente tecnológico. Esta visión más amplia, recogida en el Manual de Oslo (OCDE, 2018), permite identificar mejor los esfuerzos reales de las empresas por generar valor a través del conocimiento.
No obstante, como destaca Mulet, la innovación sigue siendo una actividad con alto grado de riesgo e incertidumbre. Por eso, las políticas públicas deben diseñarse no solo para fomentar la I+D, sino también para facilitar la asimilación del conocimiento y reducir las barreras que enfrentan las empresas, especialmente las pymes, para innovar de forma sistemática.
Datos que dibujan una brecha: España frente a Europa
Los datos comparativos ofrecidos por Fedea son contundentes. En 2023, España destinó un 1,49 % de su PIB a I+D (GERD), frente al 3,11 % de Alemania y el 2,19 % de Francia. A pesar de que la evolución reciente ha sido positiva, la distancia estructural con los líderes europeos persiste. Esta brecha se acentúa al analizar el gasto empresarial en I+D (BERD), donde el sector privado español invierte siete veces menos que el alemán.
Además, los indicadores de innovación del Community Innovation Survey muestran que solo 508 empresas españolas por millón de habitantes fueron activas en innovación en 2022, frente a 1.293 en Alemania y 1.620 en Italia. La proporción de empresas innovadoras que además realizan I+D es del 53 % en España, muy por debajo del 70 % alemán o el 79 % francés.
Este escenario evidencia lo que el informe denomina la “trampa de la tecnología media”: muchas empresas españolas operan en sectores de media intensidad tecnológica, lo que limita la rentabilidad de sus inversiones en innovación y las deja en una posición vulnerable frente a mercados con mayor dinamismo tecnológico.
Políticas públicas: diferenciación necesaria entre ciencia, tecnología e innovación
Uno de los mensajes clave del informe es la necesidad de distinguir claramente entre las políticas de I+D y las de innovación. Mientras que la primera busca generar conocimiento científico y tecnológico, la segunda se enfoca en su aprovechamiento económico y social. El error de considerar que incentivar I+D es sinónimo de promover innovación ha sido recurrente en el diseño de políticas públicas en el sistema de innovación en España.
Según Mulet, una política de innovación eficaz debe partir de las necesidades empresariales reales, aportar incentivos compatibles con la lógica del mercado y articular instrumentos que reduzcan el riesgo de las primeras experiencias innovadoras. Además, debe ser capaz de coordinar a los diferentes actores del sistema (universidades, centros tecnológicos, empresas, administraciones) en torno a una misión compartida.
Infraestructuras y sistemas de innovación: el reto de la articulación territorial
El documento también dedica atención al análisis regional. El 70 % del gasto en I+D en España se concentra en Madrid, Cataluña, País Vasco y Andalucía, pero con grandes diferencias en términos de intensidad per cápita. La capacidad de las comunidades autónomas para activar sus sistemas regionales de innovación es dispar, y muchas de ellas han replicado estructuras similares al sistema nacional sin una adaptación real a su tejido productivo.
En este contexto, infraestructuras como el Madrid Innovation Lab se alinean con las recomendaciones del informe al actuar como nodos estratégicos que conectan agentes públicos y privados, dinamizan el ecosistema local, facilitan el acceso al conocimiento y promueven la experimentación. Espacios como el MIL contribuyen a superar las barreras estructurales identificadas en el estudio, sobre todo para pymes y startups con capacidad de escalar innovación en sectores estratégicos como la inteligencia artificial o la deeptech.
Hacia un nuevo enfoque: recomendaciones y líneas de acción
El informe concluye con una llamada a la transformación profunda del enfoque institucional hacia la innovación. Para ello, propone:
- Abandonar modelos lineales y apostar por sistemas de innovación interconectados.
- Diseñar políticas públicas con objetivos realistas, orientadas a resultados económicos y sociales, no solo a indicadores de actividad.
- Potenciar instrumentos de cofinanciación y colaboración público-privada.
- Reforzar el papel de la educación técnica y superior como palanca de absorción tecnológica.
- Medir la innovación no solo por los inputs (gasto, recursos), sino también por sus outcomes: valor generado, competitividad, impacto.
¿Puede España cambiar el rumbo?
El diagnóstico es claro: España innova, pero no lo suficiente ni de forma sostenida. Las capacidades existen, pero están fragmentadas o infrautilizadas. El reto pasa por convertir la innovación en un eje transversal de la economía productiva y no solo en una aspiración programática o retórica. Si se articulan bien los sistemas regionales, se diseñan incentivos inteligentes y se promueven entornos como el Madrid Innovation Lab, el ecosistema español tiene margen para avanzar hacia un modelo más competitivo, resiliente y tecnológicamente soberano.