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La fluidez en inteligencia artificial será imprescindible en el mercado laboral, según Jon Hernández

La fluidez en inteligencia artificial será imprescindible en el mercado laboral, según Jon Hernández

Jon Hernández, divulgador especializado en inteligencia artificial, ha lanzado una advertencia que resuena con fuerza en un mercado laboral en plena transformación: en menos de dos años, quienes no dominen la IA podrían quedar fuera de juego profesionalmente. Esta afirmación, respaldada por diversos indicadores sobre automatización y digitalización, pone de relieve una verdad incómoda: la inteligencia artificial ha dejado de ser una ventaja competitiva para convertirse en una competencia básica.

En un contexto en el que muchas empresas españolas aún no han superado niveles básicos de digitalización, el margen de adaptación es reducido. La velocidad a la que evolucionan las herramientas basadas en IA, y su integración en tareas cotidianas de oficina, gestión y comunicación, marca una nueva frontera en términos de empleabilidad.

La inteligencia artificial ya no es opcional: el nuevo umbral laboral

Durante su intervención en el pódcast La fórmula del éxito, Hernández fue directo: “En dos años, aquella persona que no sea fluida en IA estará fuera del mercado laboral”. El experto aclara que no se trata de un reemplazo masivo inmediato, sino de una transformación paulatina en la que muchas funciones —especialmente las más operativas— serán asumidas por modelos de IA que trabajan más rápido, más barato y sin descanso.

Esta tendencia afectará especialmente a los puestos júnior, que tradicionalmente servían de puerta de entrada al mercado laboral. Las tareas administrativas, la clasificación de información, la elaboración de informes repetitivos o la atención al cliente están siendo, en muchos casos, sustituidas por sistemas automatizados. En paralelo, las organizaciones que incorporan IA de forma estratégica empiezan a demandar perfiles con nuevas capacidades: desde la interacción eficaz con modelos de lenguaje, hasta el diseño de prompts complejos o la supervisión ética de procesos algorítmicos.

España, entre la brecha de talento y el déficit de digitalización

El pronóstico de Hernández no se produce en el vacío. En España, el ritmo de adopción de tecnologías de IA es desigual y, en muchos casos, lento. Las pymes, que conforman el grueso del tejido empresarial, siguen enfrentando importantes obstáculos para digitalizarse: falta de talento interno, escasa inversión en tecnología, desconocimiento de las herramientas disponibles y dificultades para implementar soluciones que generen un retorno claro.

Esta situación provoca un desfase entre el potencial tecnológico y su aplicación real. Muchas empresas aún no han incorporado siquiera herramientas básicas de automatización, lo que aumenta el riesgo de perder competitividad en sectores clave. En este escenario, Hernández advierte que “hay gente que solo conserva su empleo porque su jefe aún no sabe lo que la IA puede hacer”.

¿Qué es la fluidez en inteligencia artificial?

La idea de “fluidez en inteligencia artificial” que propone Hernández no se refiere a saber programar o desarrollar algoritmos complejos. Se trata, más bien, de una nueva forma de alfabetización digital. Ser fluido en IA implica comprender cómo se usan herramientas como ChatGPT, Copilot, Midjourney o sistemas de automatización inteligente para resolver tareas concretas, tomar decisiones mejor informadas y aumentar la productividad sin depender exclusivamente de habilidades técnicas profundas.

Esta competencia combina el pensamiento crítico, la capacidad de aprendizaje autónomo y la habilidad para traducir necesidades humanas en instrucciones útiles para un sistema inteligente. Y, como toda alfabetización, será transversal: necesaria en marketing, recursos humanos, atención al cliente, educación, salud o logística.

Qué pueden hacer profesionales, empresas e instituciones para no quedarse atrás

La advertencia de Jon Hernández no debe interpretarse como un escenario catastrófico, sino como un llamado a la acción. Si el acceso a la inteligencia artificial se generaliza y los procesos laborales empiezan a redefinirse en torno a su uso, será imprescindible que todos los actores —desde empleados individuales hasta grandes instituciones— adopten una estrategia clara y coordinada para no quedar al margen de esta transformación.

La fluidez en IA como nueva alfabetización profesional

Dominar la inteligencia artificial no implica convertirse en programador ni entender el funcionamiento interno de redes neuronales profundas. Se trata de aprender a utilizar estas herramientas de forma cotidiana, con autonomía, criterio y visión estratégica. Quien sea capaz de aprovechar modelos de lenguaje, asistentes generativos, sistemas predictivos o motores de automatización como apoyo transversal en su día a día profesional estará en clara ventaja competitiva. La “fluidez en IA” de la que habla Hernández es ya una forma de alfabetización digital avanzada, comparable en relevancia a lo que supuso la informática básica hace tres décadas.

Las empresas y el mercado laboral ante un punto de inflexión tecnológico

En el ámbito empresarial, la adopción de IA ya no puede limitarse a pilotos ocasionales o departamentos de innovación desconectados del negocio. Las compañías que aspiran a liderar su sector deben incorporar la inteligencia artificial como parte integral de sus procesos operativos, estratégicos y de relación con clientes. Esto implica revisar flujos de trabajo, capacitar a equipos, identificar tareas repetitivas o ineficientes que puedan automatizarse, y experimentar con nuevos modelos de negocio habilitados por la tecnología.

Además, será necesario avanzar hacia una cultura organizativa que no penalice el error controlado ni la experimentación, porque la IA no se despliega como una solución estandarizada, sino como un campo en constante evolución. Quienes no sean capaces de aprender con rapidez, ajustar expectativas y adaptar estructuras serán desplazados por competidores más ágiles, aunque dispongan de menos recursos.

El papel clave de las instituciones públicas

Ninguna transición de esta magnitud puede completarse sin la implicación activa del sector público. Las instituciones tienen la responsabilidad de proporcionar los recursos formativos, financieros y regulatorios necesarios para que la adopción de inteligencia artificial no genere una brecha social aún mayor. Esto pasa por subvencionar la formación digital en sectores con riesgo de automatización, fomentar programas de recualificación laboral y apoyar especialmente a las pymes, que muchas veces carecen del músculo técnico y económico para iniciar esta transformación por sí solas.

Asimismo, es imprescindible que los propios organismos públicos lideren con el ejemplo: digitalizando sus servicios, incorporando IA en procesos internos, y haciéndolo con criterios de transparencia, ética tecnológica y gobernanza responsable. Solo así podrán garantizar que esta transición se hace de forma inclusiva y al servicio del interés general.

Una transformación inevitable, pero modelable

El cambio no se detendrá. Lo que sí está en manos de los diferentes actores es decidir cómo se produce. El riesgo no es solo quedar fuera del mercado laboral o empresarial, sino construir una sociedad desigual, donde unos pocos concentren la capacidad de decisión tecnológica y el resto quede relegado a tareas no mediadas por IA. Por ello, el debate no debe centrarse en si la inteligencia artificial va a transformar el mundo del trabajo, sino en cómo garantizamos que esa transformación sea justa, equilibrada y sostenible.

La advertencia de Hernández es, por tanto, más que una predicción: es un mapa de riesgo. Pero también puede ser una hoja de ruta si se traduce en acciones concretas desde hoy.

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