Inteligencia artificial y ciberseguridad: combatir los ataques con la misma tecnología
La inteligencia artificial está transformando la ciberseguridad desde dos frentes aparentemente contradictorios. Por un lado, permite a los ciberdelincuentes diseñar ataques más sofisticados, automatizar procesos y encontrar vulnerabilidades con mayor rapidez. Por otro, ofrece a empresas e instituciones nuevas capacidades para detectar amenazas, anticipar riesgos y responder a incidentes antes de que sus consecuencias sean irreversibles.
Esta paradoja ha protagonizado el Thales Cyber Summit 2026, celebrado el pasado 1 de octubre en París. Durante el encuentro, Patrice Caine, presidente y consejero delegado de Thales, una de las principales compañías europeas de tecnología para defensa y seguridad, defendió la necesidad de combatir los ciberataques impulsados por IA utilizando esa misma tecnología.
Según recogió Reuters, Caine advirtió sobre el crecimiento de los ataques informáticos y la velocidad con la que evolucionan gracias a la inteligencia artificial. Sin embargo, también quiso poner el foco en una oportunidad que recibe menos atención: el potencial de la IA para reforzar las defensas digitales.
El debate llega en un momento decisivo. La pregunta ya no es únicamente cómo protegernos de los ataques tradicionales, sino cómo adaptar la seguridad a un entorno en el que tanto atacantes como defensores pueden utilizar sistemas cada vez más autónomos.
Ciberataques más rápidos, sofisticados y automatizados
La inteligencia artificial no ha inventado las amenazas digitales. El robo de credenciales, la suplantación de identidad, los programas maliciosos o el secuestro de información mediante ransomware llevan años afectando a organizaciones de todos los sectores.
Lo que está cambiando es la capacidad para ejecutar estas prácticas. Herramientas de IA generativa pueden redactar mensajes fraudulentos más convincentes, adaptar campañas de phishing a diferentes idiomas, analizar grandes cantidades de información y facilitar la identificación de fallos de seguridad.
Los agentes de IA añaden otra dimensión: la posibilidad de encadenar acciones con menor intervención humana. Un sistema puede analizar información, seleccionar herramientas y ejecutar determinadas tareas de forma automatizada. En manos maliciosas, estas capacidades pueden acelerar distintas fases de un ataque.
Esto no significa que cualquier herramienta de IA pueda vulnerar automáticamente sistemas complejos. La eficacia sigue dependiendo de las vulnerabilidades existentes, los permisos disponibles y las defensas implantadas. Pero sí puede reducir barreras técnicas y aumentar la velocidad de determinadas operaciones.
Qué dicen los datos sobre las amenazas digitales
El último informe sobre el panorama de ciberamenazas de ENISA, publicado el 22 de septiembre de 2026, confirma que las amenazas digitales continúan afectando especialmente a servicios esenciales e infraestructuras críticas.
Según el análisis de los incidentes estudiados por la Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad, el 73 % de las organizaciones atacadas pertenecían a categorías consideradas esenciales o importantes por la directiva NIS2. La Administración pública fue el sector más afectado, con un 32 % de los casos.
El organismo también identifica una utilización creciente de IA para apoyar actividades maliciosas, aunque advierte de que amenazas tradicionales como el secuestro de datos, la explotación de vulnerabilidades y la ingeniería social siguen siendo determinantes.
En España, el balance de INCIBE correspondiente a 2025 contabilizó 122.223 incidentes de ciberseguridad, un 26 % más que el año anterior.
Estas cifras reflejan la magnitud del problema, pero conviene evitar una conclusión simplista: el aumento de incidentes no puede atribuirse exclusivamente a la inteligencia artificial. La expansión de los servicios digitales, las vulnerabilidades tecnológicas y la actividad de distintos grupos criminales también influyen en esta evolución.
Combatir la IA con IA: la respuesta de Thales
La propuesta presentada por Thales parte de una idea fundamental: si los ataques pueden desarrollarse cada vez más rápido, los sistemas defensivos deben ser capaces de analizar información y reaccionar con una velocidad comparable.
La compañía anunció un enfoque que combina protección de aplicaciones, detección y respuesta ante amenazas, evaluación continua de vulnerabilidades y refuerzo de infraestructuras críticas.
También presentó avances de su colaboración con Google Cloud para incorporar capacidades avanzadas de inteligencia artificial a las herramientas de protección digital.
Entre ellas destaca Gemini 3.8 Flash Cyber, un modelo especializado en ciberseguridad presentado por Google en septiembre de 2026. Según la compañía, puede contribuir a identificar vulnerabilidades en programas informáticos y facilitar su corrección, con acceso dirigido inicialmente a organizaciones y equipos defensivos autorizados.
Estas iniciativas reflejan una tendencia más amplia: la transición desde sistemas que esperan a detectar un incidente hacia soluciones capaces de buscar debilidades, analizar comportamientos anómalos y anticipar posibles amenazas.
Sin embargo, resulta importante distinguir entre las capacidades anunciadas por los proveedores y su eficacia demostrada en entornos reales. La inteligencia artificial puede ampliar las capacidades defensivas, pero su rendimiento debe evaluarse mediante pruebas independientes y condiciones operativas concretas.
Cómo puede mejorar la IA la ciberseguridad empresarial
La principal ventaja de la inteligencia artificial aplicada a la seguridad reside en su capacidad para analizar grandes volúmenes de información y reconocer patrones que podrían pasar inadvertidos para los equipos humanos.
En una organización, estos sistemas pueden examinar registros de actividad, detectar accesos sospechosos, identificar comportamientos poco habituales o ayudar a establecer prioridades cuando aparecen numerosas alertas simultáneas.
También pueden utilizarse para analizar código, localizar vulnerabilidades conocidas, clasificar incidentes y asistir a los profesionales durante la respuesta a un ataque.
Esto resulta especialmente relevante para los centros de operaciones de seguridad, cuyos equipos deben gestionar un volumen creciente de información y distinguir entre amenazas reales y falsas alarmas.
La IA no elimina la necesidad de especialistas en ciberseguridad: permite que concentren su atención en las decisiones más complejas. Su valor está en mejorar la capacidad de análisis y respuesta, no en sustituir automáticamente el criterio profesional.
El riesgo de delegar demasiado en sistemas autónomos
La automatización introduce, al mismo tiempo, nuevas preguntas sobre seguridad y responsabilidad.
¿Qué ocurre si un sistema interpreta incorrectamente una amenaza? ¿Quién responde cuando un agente automatizado bloquea un servicio legítimo? ¿Cómo garantizar que una herramienta defensiva no acceda a información para la que no tiene autorización?
A estos interrogantes se suman amenazas específicas de los sistemas de IA, como la manipulación de instrucciones, la exposición de información confidencial o el uso indebido de permisos concedidos a agentes autónomos.
Por eso, combatir la IA maliciosa con inteligencia artificial no significa delegar toda la seguridad en algoritmos. Significa combinar automatización, supervisión humana, controles de acceso y mecanismos de auditoría.
Una defensa verdaderamente sólida debe permitir comprender qué decisiones toma un sistema, qué acciones ejecuta y cuándo resulta necesaria la intervención de una persona.
Infraestructuras críticas y ciberseguridad: un desafío estratégico
El debate adquiere una dimensión especialmente relevante cuando afecta a hospitales, transportes, redes energéticas, comunicaciones, servicios financieros o administraciones públicas.
Durante el encuentro de París, Patrice Caine también advirtió de la participación de actores vinculados a Estados en ciberataques dirigidos no solo contra instituciones gubernamentales, sino también contra empresas privadas que gestionan servicios críticos.
En este contexto, la ciberseguridad deja de ser exclusivamente un problema informático. Se convierte en una cuestión de continuidad de servicios, competitividad económica y seguridad nacional.
Europa está reforzando su marco de protección mediante instrumentos como la directiva NIS2, que establece exigencias relacionadas con la gestión de riesgos, la comunicación de incidentes y la seguridad de sectores esenciales.
Pero la regulación, por sí sola, no garantiza la protección. Las organizaciones necesitan invertir en prevención, formar a sus equipos, revisar sus proveedores y ensayar sus mecanismos de respuesta y recuperación.
La mejor defensa combina tecnología y criterio humano
La evolución de la inteligencia artificial está modificando el equilibrio entre atacantes y defensores. Las mismas capacidades que permiten automatizar amenazas pueden utilizarse para identificar vulnerabilidades, detectar comportamientos sospechosos y mejorar la respuesta ante incidentes.
Sin embargo, esta transformación no debería convertirse en una carrera por incorporar más herramientas sin evaluar su utilidad. Una estrategia de ciberseguridad madura requiere conocer los riesgos, proteger los activos críticos, establecer responsabilidades y comprobar que los sistemas funcionan correctamente.
La IA ofrece oportunidades importantes para avanzar hacia una seguridad más preventiva y eficaz. Pero también genera dependencias, posibles errores y nuevos espacios de vulnerabilidad que deben gestionarse.
El verdadero reto no consiste únicamente en utilizar inteligencia artificial contra los ciberataques. Consiste en desarrollar defensas capaces de aprovechar su velocidad sin renunciar al control, la transparencia y la responsabilidad humana. En un entorno digital cada vez más automatizado, la seguridad no dependerá solo de disponer de sistemas más inteligentes, sino de tomar mejores decisiones sobre cómo utilizarlos.